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viernes, 4 de noviembre de 2011

Recuento de una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente que no es de interés para nadie.

It's Friday, Friday. 
Gotta get down on Friday.
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Debo disculparme por las largas ausencias y la irregularidad con la que el blog es actualizado, y podría hacer algo demostrando cuánto lo siento...

Pero me conocéis.

En fin, voy a tratar (y a fallar en el proceso) de ser concisa mientras los pongo al día de todo lo que me ha pasado en el mes de octubre.

Mirando atrás, me dí cuenta de que nunca había hecho cosa importante en mi vida escolar así que decidí ser parte del grupo organizador del anuario, así al menos tendría la satisfacción que se siente al contar cómo alguien como yo ha podido dejar huella de su existencia a las futuras generaciones. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Volvió por quien lloraban, chiquitas.

She's back... She's back! Oh my God, she's back! Run, dammit, RUN!
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Feliz primero de octubre, gente mía. Me disculpo por mi larga ausencia y por sólo haberos dado una entrada en septiembre. Pero tengo una excusa (no muy buena, como siempre)...

¡He vuelto a clases!

¡Y no sé por qué me alegro de ello, joder!

Hace dos semanas, empezó mi último año escolar, y con él comenzaron mis migrañas, mi vuelta a un sistema de sueño regular y mi regulación de internet (porque, aunque no se pueda creer, dormirse a las dos de la mañana en día de semana es malo para la salud). Y las tareas.

Sí, por supuesto que he tenido tiempo de sobra para dedicarme al blog, pero lo que me hacía falta era material para exprimir y explotar aquí. Cosa que ya he conseguido.

Esta entrada no es más que un anuncio de lo último que ha pasado en la vida de su servidora y de lo que podréis esperar próximamente: quejas a los profesores, quejas a las obligaciones, quejas a los compañeros de clases, quejas, quejas, quejas...

¡Ah! Y más... redoble de tambores, por favor.

¡La Amiguis Bruta! Así como he vuelto yo a las andadas, conmigo ha venido Cristina a dar rienda suelta a sus conocimientos (o su falta de ellos) en el nombre del humor, las empanadas y las mandocas.

Dando final a este anuncio, me despido dejando registro de las palabras más sabias que he oído en mi vida expresadas por el hombre más sabio en uno de sus pensamientos de Libertador:

"No hay papel".
Simón Bolívar.

lunes, 28 de febrero de 2011

El examen del fin del mundo, la revancha.

-"Hide yo' kids, hide yo' wife, and hide yo' husband! Cuz' they're failin' everybody out there."
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Y sí nos terminaron dando otra oportunidad, la pregunta es: ¿Acaso volverá Sandra a fallar épicamente? ¿Cristina tendrá otra crisis? ¿Tendremos el tiempo suficiente para responder y no morir en el intento?

¿A alguien de verdad le interesa esto?
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Hoy tuvimos el recuperativo de trigonometría (ni loca me quedaba con la nota que había sacado) y me sorprendió la naturalidad con la que me salieron las respuestas.
No voy a decir que fue pan comido, más que todo porque el papel no es pan (hurr durr), pero tampoco voy a decir que fue el examen del fin del mundo... y en el caso en que lo haya sido... autoestima elevada en un cuarenta y siete por ciento. Pero seguro que ahora voy y repruebo... mierda. En mi defensa diré que Joaquín me revisó eso y lo comparó con otro examen y las respuestas estaban correctas.

Por lo anteriormente dicho, y porque esta vez sí estudie... un cinco por ciento más que la vez anterior (tomando en cuenta que había olvidado que había recuperativo), no logro entender por qué en los nueve cielos, siete avernos y  la casa del vago de la esquina hubo gente que no sabía qué hacer.

Como Cristina y Moira durante en examen. OJO, en defensa de Cristinita (para no matarla en esta entrada) diré que no sufrió una crisis... muy grave, porque todavía la oí rezando, aunque mis oídos agradecen la falta de chillidos y ¡por fin! la tía estaba respondiendo los ejercicios de una manera que se puede considerar inteligente. En el otro extremo, Moira se me puso a llorar encima, lo cual me dejó mal parada ya que ella había estudiado MUCHO más que yo, claro está que yo no estudié nada.

¡Y no me hagáis empezar con el problema de las "chuletas"! Ella tenía la guía que trigonometría afuera con todas las fórmulas habidas y por haber escritas en grande en la parte de atrás de cada hoja. Yo le dije que eso se vería demasiado y que Joaquín de iba a dar cuenta, Moira me manda a comer mierda y deja la guía allí, lista para usar. Quince minutos después Joaquín le arrebata la hoja y se la queda.

Lo admito, mi guía también tenía todas, pero todas las fórmulas y demostraciones, pero escritas en espacios disimulados y con mi hermosa letra ilegible (¿por qué creéis que mi letra es imposible de leer?). Además, estaba dentro de mi mochila, donde ni Joaquín (ni yo) podría verla. Así que básicamente no fue trampa... ¡pero el punto es que estaban ahí!

Ahora, el LOL (porque siempre hay un momento así durante toda evaluación) se lo lleva Eliza, quien se había fajado, había sudado la gota gorda, para que al momento de entregar Joaquín le diga que ese ejercicio, el primero, en el que había dejado el alma, estaba malo porque había calculado lo que no era... Todo cinco minutos antes de que se acabara el tiempo.

Sí, la chica lo corrige (creo, la verdad, y lo sabes, Eliza, es que no me interesa, yo me reí, me carcajeé y me regodeé) y todo miel sobre hojuelas, pero eso no evitó que llevara el momento a Internet. Todos juntos, por favor:

-"¡DURP!" (*o como sea que sea*).

Ah, ahora sí creo que el orden de la vida ha sido reestablecido a su posición natural (léase: yo igual genio, los demás igual escoria). ¡Es broma!

Pero va en serio...

martes, 22 de febrero de 2011

La amiguis bruta: "the stupid BFF", la idiotez es contagiosa.

Episodio anterior: << "Crisis nerviosa, la secuela"
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Me salgo de mi habitual humor satírico/negro/lo que sea, para dejarles una entrada sobre lo miserable que soy.
Atte. Una escoria de la vida.
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"Amiguis" no tiene traducción en inglés, he puesto "BFF" sólo para que suene cuchi. (*Happy face and a little and gay heart*)
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No, no, no. Esto ya se está volviendo repetitivo y ya no es gracioso... bueno, tal vez un poco... ¿A quién engaño? ¡Si me estaba partiendo de la risa internamente!

Porque soy una perra y aquí les va de nuevo.
¿Adivinen quién volvió a tener de nuevo otra crisis nerviosa?

Inglés es una materia que yo encuentro muy fácil. Sé perfectamente que a muchos no les gusta y, de verdad, no pueden con él porque es una materia más y no todos van a salir con veinte y eso, pero inglés no es una materia que se repruebe, porque uno debería tener como mínimo el suficiente conocimiento como para sacar un diez.

-"Diez es nota, lo demás es lujo."

Si bien pueden haber varias razones factibles para que alguien repruebe, porque esas cosas pasan y no siempre es culpa nuestra, no es posible que si uno sabe que no es bueno en algo siga sin tratar de entender.

Yo ya no puedo con Cristina, porque ella siempre me dice que estudia, que tiene un profesor particular, que sí entendió. Ahora, todos juntos:

-"¡Mojón!"

Porque si fuese cierto no hubiese sacado un cero siete. Salió mal porque con Cristina siempre es la misma verga: que no puedo, que no sé, que no me interesa. Yo muchas veces digo esas mismas frases, sí, pero una cosa es hacerlo por joder y otra es de verdad ponerse con la ridiculez una y otra vez para que, en medio del examen, sólo se ponga a temblar y a temblar.

Estaba contestando mi examen de lo más feliz, a la propia velocidad de la luz cuando, en el momento que termino y por X causa, me giro a ver a Cristina (como cosa del destino). En el momento que la veo creo que el colegio está temblando, porque Cristina se sacudía de una forma nada normal. Miro mi pupitre, el de al lado y el del resto del salón.
Todo perfectamente normal.
Vuelvo a ver a Cristina, y presentaba los síntomas usuales: cara con otro color, rezos y balbuceos incontrolables, temblores colosales y chillidos espantosos.

No voy a mentir, esa imagen debió causarme lástima, debí haber sentido un poco de empatía por ella y toda la cosa pero todos sabemos que conmigo empatía = cero y sólo atiné a reírme, carcajearme y regodearme internamente, además de soltar un: "verga, ¿otra vez?".

Al rato, cuando la profesora tiene todos los exámenes y se retira, Cristina se está riendo (aún temblando). Aquí en Venezuela las cosas se hacen por joder, y a nadie le molesta porque a todos les gusta joder, y aquel que se atreva a negarlo que venga y me lo niegue en la cara. Pero salir mal no es asunto de risa. Sí, está bien. la pobre está nerviosa, pero todos en el salón sabemos que no estudió y, por ende, todos sabemos que nota sacó.

Como los profesores tenían que entregar notas hoy, la profesora ya tenía los exámenes corregidos cuando una abalancha de locas (yo incluida) se le acerca para preguntar notas. Saqué veinte, no tengo ni porqué negarlo ni porqué lucirlo, es la verdad. Y Cristina sacó cero siete, no tengo porqué negarlo ni porqué lucirlo, sigue siendo la verdad. ¿Qué hizo? Lloró.

Reprobar da mucha, mucha rabia porque uno estudia, uno da lo mejor de sí y, al ver esa nota tan baja, uno se siente mal, se siente decepcionado consigo mismo, siente que ha decepcionado al mundo o a quien sea. El problema con Cristina es que ella no trata y aún así espera que, por obra y gracia de los Padrinos Mágicos, le salga un veinte del culo a alguien para que adorne su examen.

Y aún así, como la perra hipócrita que soy, internamente me volví a reír, a carcajear y a regodear.

Pero no estoy feliz. Porque yo también salí mal, en matemática, pero salí mal.
No, tenías razón, Adela, no reprobé; pero mi nota, que es pura nota y un solo lujo, me decepcionó inmensamente.
Porque yo tenía las respuestas.
Porque yo sabía cómo plasmar las respuestas.
Pero yo no tuve el tiempo de poner las respuestas.

Cuando Joaquín me dijo mi nota, yo tuve es descaro de reírme. Pero no estaba feliz, más que todo porque esa nota fue baja por mí culpa, porque yo fui la que perdió tiempo y se tardó en entender el problema, porque fui yo la que perdió tiempo y se quedó como una bruta haciendo cosas que estaban de sobra y que sólo me distrajeron de lo que tenía que hacer.

Y, para todos aquellos de Humanidades, no hay recuperativo para nosotros. Porque mientras sólo aprobaron dieciocho personas y hubo un verguero de cero uno, esos cero uno fueron exámenes en blanco que sólo le dieron entender a Joaquín que reprobaron a propósito para que hubiese recuperativo y tuviesen más tiempo de estudiar.

En este momento me estoy riendo, pero no estoy feliz.
Porque si pudiera hacer el examen otra vez ya sabría qué hacer y cómo hacerlo de forma rápida y sacaría una nota que de verdad reflejase lo que me maté estudiando, con fiebre, matemática.

Y aún así me estoy riendo, carcajeando y regodeando, porque yo no lloro por "lo que hubiera pasado si..." y mucho menos sufro una crisis que más falsa y me mato (mamá, vos lo que tenéis es el mal de Parkinson).
Cristina, la diferencia entre tú y yo, es que aunque no lo parezca en lo más mínimo, yo sí me tomo las vergas en serio, y lo hago de la forma mas jodida posible.

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Episodio siguiente: "Dos por uno" >>

lunes, 21 de febrero de 2011

El examen de fin del mundo.

-"In the end... There will be only chaos..."
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Hoy tuve examen de matemática, trigonometría para ser exactos. Fue tan fácil... ah, tan fácil como un pase por el campo... durante una invasión del Covenant en Halo: Reach (en modo Mítico, de paso).

Yo nunca dejo respuestas en blanco, NUNCA. Sólo una vez porque no vi la pregunta, así que obviamente no podía responderla, pero no nos salgamos del tema.

No pude responder la última pregunta. Encima de que no me sabía la respuesta tampoco tuve tiempo de poner el mismo disparate que puso la mayoría del salón. Y, como cereza del pastel, tampoco pude terminar la primera, no porque no supiera qué hacer, sino que hice de más.

Había que buscar el perímetro y el área de un triángulo. Sencillo, sí. El problema: En ese triángulo habían otro dos adentro, es decir, el profesor dividió en triángulo grande en dos pequeños y nos dijo que calculásemos el grande dándonos tres datos nada más. Yo empiezo calculando lo que puedo y cuando me doy cuenta ya sé qué es lo que tengo que hacer y cómo hacerlo.

Entonces me doy cuenta que había hecho un cálculo mal luego de tener más de la mitad resuelta. Voy, trato de corregirlo, me sigue sin dar, lo vuelvo a intentar... y así tres veces más. Leo el problema de nuevo y veo que ese dato que me estaba sacando canas verdes era completa y enteramente innecesario. Me río, me carcajeo y me regodeo mientras borro y voy con otra cosa.

Suena el timbre y es hora de entregar el examen. Unas cuantas maldiciones salen de mi boca y le dejo el examen a Joaquín.
Viviana me hace el favor de dejarme en mi casa.
Almuerzo.
Me baño.
Duermo.
Me levanto.
Y sólo es en este momento en que mi mente despierta y me doy cuenta tanto de lo miserable que soy como de las ganas que tengo de quemar ese examen en el primer momento en que mis manos lo alcancen.

Ese fue uno de esos momentos donde lo único que se quiere es retroceder el tiempo y, no repetir el examen, sino hacer que el examen nunca se haya elaborado o hacer que las preguntas fuesen más fáciles.

Sandra falla épicamente, de nuevo. Hurr Durr.